viernes, 27 de junio de 2014

El peronismo visto desde la historiografia nacional

El revisionismo y Perón.

Hay cierta expresión que hizo del primer peronismo, el “domicilio” del revisionismo, que a simple vista puede parecer engañoso, porque los estudios del periodo luego de 1955 abundaron,  como cierta expresión también que sostiene que el revisionismo “se teñirá de peronismo”. Matizando estas opiniones, por cierto extremista, Cataruzza dirá que son excesivas[1] porque el primer peronismo admitió la colaboración de personas que tenían distintos perfiles ideológicos, con anteriores trayectorias que los vinculaban con muchos circuitos  intelectuales, en otras palabras lo que importaba era el apoyo claro a la gestión presidencial en ese momento.
Para destacar las distintas opiniones que surgieron aun dentro del movimiento revisionista Cataruzza arguye además otros argumentos. Siguiendo un poco su lineamiento expone, que toda la sociedad, incluyendo los ámbitos políticos y culturales se vio sacudida, en especial los partidos políticos, que se vieron ante la “obligación” de elegir entre apoyar al nuevo fenómeno social que surgía o resistirse al mismo.
El revisionismo, ya es conocida su vocación política, no escapó a este dilema ni al impacto de esta nueva situación. El Instituto de Rosas, la principal institución que nucleaba a los representantes del movimiento, se vio sacudido por conflictos internos que llevaron prácticamente a su disolución con el alejamiento de Julio Irazusta quien años después explicaría:
“Era la década del sesenta y me resultaba difícil armonizar a los peronistas y antiperonistas que militaban en el instituto. A cada momento se recibían renuncias de viejos socios porque algún entusiasta  había avivado a Perón en algún acto público. El rosismo se había hecho popular y se inclinaba naturalmente al peronismo y eso no gustaba  a los nacionalistas de viejo cuño firmes en su anti peronismo, sobre todo después que cayó Perón. Los rosistas antiperonistas no acudían a las conferencias para no encontrarse con los peronistas. Y estos no tenían interés en oír oradores que no les hablaran de Perón además de Rosas. Acabé por cerrarlo, prácticamente…”[2]
Esto demuestra claramente que existieron revisionistas que apoyaron al primer peronismo y peronistas que apoyaron y adoptaron la lectura revisionista de la historia nacional.

Sin embargo, no todos los revisionistas se mostraron dispuestos a apoyar al peronismo. Dentro del ala conservadora  o “clásica”  de esta escuela, entre los que se puede citar a Julio Irazusta, se alinearon historiadores que mostraron abierta oposición al régimen de Perón.
Según lo expuesto por Omar Acha, las nuevas opiniones que los revisionistas tenían no cambiaban las viejas modalidades de estudio y de métodos utilizadas ya en anteriores trabajos. Así de esta manera, la explicación de Palacio acerca del movimiento fue no sólo brevísima y parcial, sino que además resultó ser un análisis totalmente superficial que no alcanzaba a cubrir las verdaderas causas de la aparición del “fenómeno peronista” e incluso  explicando la causa de la caída de Perón reduciéndola al “conflicto con la Iglesia”.[3]
No así fue la intervención de Irazusta, en su libro titulado Perón y la crisis argentina,  esbozaba el odio que tenia por el peronismo, al que le atribuía la insubordinación y la falta de orden. En su libro el balance claramente es más que negativo, tanto es así que ve en la historia del peronismo “la misma lacra que marcaba el sino de la Argentina asediada por el imperialismo británico” además ya cuando el peronismo había sido derrocado y Perón se encontraba en el exilio dirigió su atención hacia el conflicto que “había llevado a la caída del caudillo”:
“Desde que estalló el conflicto de Perón con la Iglesia di por sellada la suerte del tirano. La más elemental cultura histórica permitía augurar  el resultado de la lucha entablada entre la augusta institución que resistió los mayores embates del poder temporal y el inferior personaje, imitador de caudillos, pero sin condiciones de estadista ni sentido del lugar en que actuaba, que la desafiaba en nuestro país” [4] 
Claramente el “déspota desorbitado” y fuera de lugar había cometido un error fatal al  enfrentarse con la Iglesia. Durante todo su libro se concentro en defenestrar a Perón comparándolo con otros personajes de la historia como Napoleón, así por ejemplo dio crédito a una “idea propia de la clase alta” que suponía que “Perón deseaba disolver el ejército y meditaba la creación de milicias obreras”, si bien esto nunca se confirmo y el propósito solo podía hallarse en el “pensamiento del presidente” Irazusta  señalo la certeza del plan como una realidad obvia. Más interesante que las acusaciones resultaron ser las explicaciones del triunfo peronista en 1946, la victoria residió no tanto en la capacidad demagógica del líder, sino en la “estupidez y molicie” con la que los  opositores intentaron combatir, dando entender que “errores ajenos” elevaron al peronismo hacia alturas insospechadas e inmerecidas. Entre otros de sus errores es necesario destacar que Irazusta tampoco pudo ver la “popularidad evidente de Perón” y la definió como una manifestación “ficticia”, propia de un mediocre personaje.
El análisis totalmente parcial y subjetivo que realizó Irazusta, mostró no sólo el estancamiento metodológico del revisionismo, sino que además mostró la vaguedad de las afirmaciones y de los sustentos teóricos que las fundamentaban.  Como muy bien destaca Omar Acha, demostró un rasgo duradero del  revisionismo conservador, la incapacidad para pensar la historia en términos de distancia y temporalidad, algo que deja en claro ciertos anacronismos. De esta manera “las diferencias  temporales en el revisionismo oscilaban en torno a un tiempo presente” - lo que claramente se opondrá al “método regresivo” propuesto por Annales y luego retomado en Argentina por la Renovación Historiográfica de la década del sesenta- de una  manera tal que el pasado estaba regido por la repetición de lo viejo en “nuevos  odres”.
Pero dentro del revisionismo eran más las voces que estaban a favor del peronismo que las que estaban en contra, sobre todo en lo que luego se llamará “revisionismo de izquierda”, en donde Puiggros tuvo un lugar destacado.
Aún así volviendo a los planteamientos de Cataruzza la universidad no fue  un punto de desembarco masivo de revisionistas sobre todo en los lugares destinados a los estudios históricos. Es más gran parte de los revisionistas que pasaron a apoyar el peronismo, se encontraron con que parte del gobierno y de los funcionarios del movimiento elegían otra tradición más vinculada con la historiografía liberal. Esto se vio reflejado indiscutiblemente con la nacionalización de los ferrocarriles, el gobierno eligió para nombrar  las nuevas líneas de trenes nombres  propios de la “historia oficial” contra la que tanto se oponía el revisionismo,  por otro lado en los manuales de enseñanza obligatoria no se pone el énfasis sobre el rosismo, sino mas bien la referencia es siempre hacia San Martin. El panteón peronista tenía   poco en común con la tradición revisionista, incluso llegó a albergar a historiadores de grupos diversos.
Aun  así desde la “izquierda nacional” como la llama Omar Acha, Ramos realiza una relectura especial del movimiento en su libro Revolución y contrarrevolución en la Argentina, allí  toma un análisis que luego reinvertirán Germani, Romero y otros autores de la Renovación. Así expone que la base del poder de Perón estaba en la nueva clase obrera, proveniente del interior durante el proceso de migraciones internas, pero según advierte, “estas masas de reciente migración, habían entendido sin mediaciones el significado fundamental de la propuesta de Perón, y en realidad habían creado el movimiento”[5].
 De manera tal que para Ramos el peronismo venía a ser otra etapa de un viejo conflicto latente en la sociedad, las masas populares se alzaban contra fuerzas que intentaban avasallar su autonomía, al que identificaban con los sectores oligárquicos por estar sometidos al yugo extranjero. En este análisis realizado por Ramos se vislumbra lo que Omar Acha reseñó sobre el “neorrevisionismo” que abordaba temáticas con métodos prácticamente obsoletos, que no permitían ver la temporalidad de las cosas, e incitaban a creer en la repetición de los hechos en la historia. Esta interpretación del peronismo cuadraría perfectamente con el “bonapartismo”, ya que Perón logró congeniar o amalgamar los intereses de las masas con un “sentido nacional”, manteniendo la impronta burguesa del régimen. Es conocido el discurso dirigido a los capitalistas y empresarios, en el origen de su carrera política, al mismo tiempo  que  intentaba dar soluciones a los problemas que el imperialismo provocaba.
Un tanto más complicadas serán las filiaciones que intentará establecer Puiggrós entre las ideas marxistas (presentes en su formación) y la doctrina peronista. De hecho Rodolfo  tuvo que abandonar el movimiento comunista que había abrazado en sus orígenes como historiador - fue expulsado del partido comunista- y de esta manera abrazó al peronismo, creyendo y esperando convertirse en el teórico fundamental del movimiento que llevaría a una “revolución nacional” que seguiría los pasos de la teoría de Marx, evidentemente pasando primero por una etapa “democrático-burguesa” (donde situaba al peronismo) para pasar luego a un movimiento socialista (en realidad ni los dirigentes, ni siquiera las masas peronistas pensaban en ceder  espacio a esas ideas).
En su análisis retomará  la propuesta de Ramos, la resolución de un viejo antagonismo o conflicto entre clases y sus intereses, atribuyéndole méritos al General, pero por otro lado también a la incapacidad de la oposición. Por ejemplo para resaltar esta opinión basta con analizar un fragmento de su libro: El peronismo: sus causas:

“A la consagración del  liderato del coronel Perón por el levantamiento obrero del 17 de octubre de 1945 contribuyeron tanto los peronistas como los antiperonistas. El reconocimiento del liderazgo por los primeros carecería de sentido sin su desconocimiento por los segundos y viceversa. Es obvia la significación dialéctica del dicho popular no hay pro sin contra, pues resulta impensable e  irrealizable una ortodoxia sin heterodoxia (claramente apelando a la concepción marxista), una fe sin herejía y aun el pensamiento a dogmatico se despliega como antítesis del dogma.”  A lo que además añade sobre los viejos conflictos contra el “imperialismo”:
“descartamos, en consecuencia, el análisis de aquella jornada de explosión popular y de sus causas inmediatas desde un punto de vista no científico, es decir unilateral, sea en pro o en contra. Lo haremos partiendo de la totalidad concreta de la política argentina, política escindida, desde el golpe militar del 4 de junio de 1943, en dos partes. Un cuarto de siglo después, esas dos partes no se han reconciliado, ni lo harán nunca, ya que expresan la contradicción fundamental de  nuestra sociedad” (otra vez apela a la dialéctica marxista);  y apela a los conflictos inherentes, según su opinión a nuestra sociedad: autodesarrollo vs coloniaje, nacionalismo vs liberalismo,  democracia directa de masas o democracia fraudulenta de pocos.
Lo que realmente llama la atención es la filiación que realiza entre el ascenso político de Perón sobre las masas obreras y la pérdida de influencia de los comunistas y socialistas en el movimiento obrero. En su libro dedicado a las causas del peronismo, que forma parte de su Historia Critica de los Partidos Políticos  realizará un esquema donde sus críticas apuntaran al Partido Comunista como divisor del movimiento obrero, lo que realmente llama la atención, más aun conociendo, que había sido militante y afiliado del Partido Comunista Argentino.   
En el capítulo de este libro, titulado “Del 4 de junio al 17 de octubre” expondrá algunos documentos y argumentos que el partido comunista realizara a la obra del Coronel Perón. Por ejemplo, destaca que el Partido tenía como principales objetivos: “unidad contra la dictadura militar fascista, abandono de la lucha por las reivindicaciones inmediatas y de los conflictos parciales que distraían fuerzas y perjudicaban la formación de la Unión Democrática, huelga general e insurrección para derrocar al gobierno”[6].
Además siguiendo su explicación, otra de las causas de la constante perdida de adeptos a las ideas de izquierda en los trabajadores es que, según su opinión, la muralla ideológica que separaba a los comunistas y socialistas se vino abajo con la nueva orientación del movimiento comunista en Argentina, que esperaba el paso a una sociedad comunista por la vía de una “revolución pacífica”, por lo que de ahora en adelante entre los dos partidos “solo quedo la competencia por la hegemonía política”[7]
Además para él, esta pérdida de influencia  del comunismo en la Argentina se vio reflejada en la “huelga general revolucionaria” que preparo el partido para derrocar al gobierno. Esta huelga, según su opinión fue un fracaso y reveló que “los obreros estaban con Perón y los conservadores y agentes  del imperialismo conspiraban junto con el partido comunista”[8].  Añade además que los comunistas y socialistas estaban tan compenetrados en los preparativos insurreccionales, que olvidaron las luchas parciales por reivindicaciones inmediatas, esto, según plantea,  le “brindo al flamante secretario, amplio campo para desplegar lo que ellos llamaban “demagogia” ”.[9]
Siguiendo con su formulación contra el accionar del comunismo, menciona que, “el movimiento de masas” que tanto olvidaba y menospreciaba la izquierda, lejos de aparecer como “pasivo receptor de las directivas del Estado, accionó sobre el Estado y sobre el mismo Perón”, ya que “se impuso en octubre de 1945, sostuvo a Perón en la presidencia y, si bien no evitó su caída, se mantuvo irreductible las directivas del gobierno gorila (claro vocabulario revisionista, con tinte político) y a los manejos de las desprestigiadas izquierdas”. Además añadió que a las izquierdas les preocupaba mas “demostrar que Perón hablaba como un nazi”[10]    
 Para terminar y volviendo a la afirmación de Omar Acha en los párrafos posteriores de su libro Puiggros esgrimirá que  los conflictos se “superaran mediante la supresión del segundo de los términos, con el triunfo revolucionario de la clase obrera, abanderada de la lucha nacional emancipadora y de su indispensable complemento: la economía y la propiedad de clases”.[11]
Claramente como se ve en sus escritos Puiggros estaba convencido de que el peronismo se convertiría en un movimiento de liberación nacional, sin embargo en su análisis se descuida, se olvida o simplemente obvia evocar en términos conceptuales la base de sus razonamientos. De manera tal que luego de  derrocado el peronismo advertirá o se limitara a exponer las causas de su caída en una “incapacidad para llevar hasta sus límites últimos la tarea revolucionaria”. Otro de los aspectos a criticar del análisis “marxista” de Puiggros es su obcecada y urgente  intención de manifestar su posición política, olvidando así de profundizar sus análisis, de hecho para corroborar su opinión marxista del peronismo no se aboco a un análisis exhaustivo de los múltiples aspectos del peronismo, sino que redujo todo ese análisis a una vaga ilustración histórica, en donde la revolución nacional-democrática estaba ligada inevitablemente al peronismo.



[1] Cataruzza, Alejandro y Fujanian; Políticas de la Historia Argentina. 1860- 1960; Alianza Editorial; Buenos Aires;2003; P. 172
[2][2]Hernández, Pablo; Conversaciones con José María Rosa; Bs. As.; 1978. P. 150
[3] Acha, Omar; “Interpretaciones historiográficas del peronismo”; en Pagano, Nora y Rodríguez M; La historiografía Rioplatense en la Posguerra; Buenos Aires; La Colmena; 2001;P. 120
[4] Irazusta, Julio; “Perón y la crisis argentina”. Buenos Aires; Independencia; 1956.
[5] Acha, Omar; “Interpretaciones historiográficas del peronismo”; en Pagano, Nora y Rodríguez M; La historiografía Rioplatense en la Posguerra; Buenos Aires; La Colmena; 2001  


[6] Puiggros, Rodolfo; “El peronismo y sus causas”; Buenos Aires; Galerna; 2006. P. 120

[7] Puiggros, Rodolfo; “El peronismo y sus causas”; Buenos Aires; Galerna; 2006. Pag 121

[8]Ibídem. P. 123
[9] Ibídem. P. 125
[10]Ibídem. P. 127
[11] Ibídem. P. 130 

No hay comentarios:

Publicar un comentario