El revisionismo y Perón.
Hay cierta expresión que
hizo del primer peronismo, el “domicilio” del revisionismo, que a simple vista
puede parecer engañoso, porque los estudios del periodo luego de 1955
abundaron, como cierta expresión también
que sostiene que el revisionismo “se teñirá de peronismo”. Matizando estas
opiniones, por cierto extremista, Cataruzza dirá que son excesivas[1] porque el primer peronismo
admitió la colaboración de personas que tenían distintos perfiles ideológicos,
con anteriores trayectorias que los vinculaban con muchos circuitos intelectuales, en otras palabras lo que
importaba era el apoyo claro a la gestión presidencial en ese momento.
Para destacar las distintas
opiniones que surgieron aun dentro del movimiento revisionista Cataruzza arguye
además otros argumentos. Siguiendo un poco su lineamiento expone, que toda la
sociedad, incluyendo los ámbitos políticos y culturales se vio sacudida, en
especial los partidos políticos, que se vieron ante la “obligación” de elegir
entre apoyar al nuevo fenómeno social que surgía o resistirse al mismo.
El revisionismo, ya es
conocida su vocación política, no escapó a este dilema ni al impacto de esta
nueva situación. El Instituto de Rosas, la principal institución que nucleaba a
los representantes del movimiento, se vio sacudido por conflictos internos que
llevaron prácticamente a su disolución con el alejamiento de Julio Irazusta
quien años después explicaría:
“Era la década del sesenta y me resultaba difícil
armonizar a los peronistas y antiperonistas que militaban en el instituto. A
cada momento se recibían renuncias de viejos socios porque algún
entusiasta había avivado a Perón en
algún acto público. El rosismo se había hecho popular y se inclinaba naturalmente
al peronismo y eso no gustaba a los
nacionalistas de viejo cuño firmes en su anti peronismo, sobre todo después que
cayó Perón. Los rosistas antiperonistas no acudían a las conferencias para no
encontrarse con los peronistas. Y estos no tenían interés en oír oradores que
no les hablaran de Perón además de Rosas. Acabé por cerrarlo, prácticamente…”[2]
Esto demuestra claramente
que existieron revisionistas que apoyaron al primer peronismo y peronistas que
apoyaron y adoptaron la lectura revisionista de la historia nacional.
Sin embargo, no todos los
revisionistas se mostraron dispuestos a apoyar al peronismo. Dentro del ala
conservadora o “clásica” de esta escuela, entre los que se puede citar
a Julio Irazusta, se alinearon historiadores que mostraron abierta oposición al
régimen de Perón.
Según lo expuesto por Omar
Acha, las nuevas opiniones que los revisionistas tenían no cambiaban las viejas
modalidades de estudio y de métodos utilizadas ya en anteriores trabajos. Así
de esta manera, la explicación de Palacio acerca del movimiento fue no sólo
brevísima y parcial, sino que además resultó ser un análisis totalmente
superficial que no alcanzaba a cubrir las verdaderas causas de la aparición del
“fenómeno peronista” e incluso explicando
la causa de la caída de Perón reduciéndola al “conflicto con la Iglesia”.[3]
No así fue la intervención
de Irazusta, en su libro titulado Perón y
la crisis argentina, esbozaba el
odio que tenia por el peronismo, al que le atribuía la insubordinación y la
falta de orden. En su libro el balance claramente es más que negativo, tanto es
así que ve en la historia del peronismo “la misma lacra que marcaba el sino de
la Argentina asediada por el imperialismo británico” además ya cuando el
peronismo había sido derrocado y Perón se encontraba en el exilio dirigió su
atención hacia el conflicto que “había llevado a la caída del caudillo”:
“Desde que estalló el conflicto de Perón con la
Iglesia di por sellada la suerte del tirano. La más elemental cultura histórica
permitía augurar el resultado de la
lucha entablada entre la augusta institución que resistió los mayores embates
del poder temporal y el inferior personaje, imitador de caudillos, pero sin
condiciones de estadista ni sentido del lugar en que actuaba, que la desafiaba
en nuestro país” [4]
Claramente el “déspota
desorbitado” y fuera de lugar había cometido un error fatal al enfrentarse con la Iglesia. Durante todo su
libro se concentro en defenestrar a Perón comparándolo con otros personajes de
la historia como Napoleón, así por ejemplo dio crédito a una “idea propia de la
clase alta” que suponía que “Perón deseaba disolver el ejército y meditaba la
creación de milicias obreras”, si bien esto nunca se confirmo y el propósito
solo podía hallarse en el “pensamiento del presidente” Irazusta señalo la certeza del plan como una realidad
obvia. Más interesante que las acusaciones resultaron ser las explicaciones del
triunfo peronista en 1946, la victoria residió no tanto en la capacidad
demagógica del líder, sino en la “estupidez y molicie” con la que los opositores intentaron combatir, dando
entender que “errores ajenos” elevaron al peronismo hacia alturas insospechadas
e inmerecidas. Entre otros de sus errores es necesario destacar que Irazusta
tampoco pudo ver la “popularidad evidente de Perón” y la definió como una
manifestación “ficticia”, propia de un mediocre personaje.
El análisis totalmente
parcial y subjetivo que realizó Irazusta, mostró no sólo el estancamiento
metodológico del revisionismo, sino que además mostró la vaguedad de las
afirmaciones y de los sustentos teóricos que las fundamentaban. Como muy bien destaca Omar Acha, demostró un
rasgo duradero del revisionismo
conservador, la incapacidad para pensar la historia en términos de distancia y
temporalidad, algo que deja en claro ciertos anacronismos. De esta manera “las
diferencias temporales en el
revisionismo oscilaban en torno a un tiempo presente” - lo que claramente se
opondrá al “método regresivo” propuesto por Annales y luego retomado en
Argentina por la Renovación Historiográfica de la década del sesenta- de
una manera tal que el pasado estaba
regido por la repetición de lo viejo en “nuevos
odres”.
Pero dentro del revisionismo
eran más las voces que estaban a favor del peronismo que las que estaban en
contra, sobre todo en lo que luego se llamará “revisionismo de izquierda”, en
donde Puiggros tuvo un lugar destacado.
Aún así volviendo a los planteamientos
de Cataruzza la universidad no fue un
punto de desembarco masivo de revisionistas sobre todo en los lugares
destinados a los estudios históricos. Es más gran parte de los revisionistas
que pasaron a apoyar el peronismo, se encontraron con que parte del gobierno y
de los funcionarios del movimiento elegían otra tradición más vinculada con la
historiografía liberal. Esto se vio reflejado indiscutiblemente con la
nacionalización de los ferrocarriles, el gobierno eligió para nombrar las nuevas líneas de trenes nombres propios de la “historia oficial” contra la
que tanto se oponía el revisionismo, por
otro lado en los manuales de enseñanza obligatoria no se pone el énfasis sobre
el rosismo, sino mas bien la referencia es siempre hacia San Martin. El panteón
peronista tenía poco en común con la
tradición revisionista, incluso llegó a albergar a historiadores de grupos
diversos.
Aun así desde la “izquierda nacional” como la
llama Omar Acha, Ramos realiza una relectura especial del movimiento en su
libro Revolución y contrarrevolución en
la Argentina, allí toma un análisis
que luego reinvertirán Germani, Romero y otros autores de la Renovación. Así
expone que la base del poder de Perón estaba en la nueva clase obrera,
proveniente del interior durante el proceso de migraciones internas, pero según
advierte, “estas masas de reciente migración, habían entendido sin mediaciones
el significado fundamental de la propuesta de Perón, y en realidad habían
creado el movimiento”[5].
De manera tal que para Ramos el peronismo
venía a ser otra etapa de un viejo conflicto latente en la sociedad, las masas
populares se alzaban contra fuerzas que intentaban avasallar su autonomía, al
que identificaban con los sectores oligárquicos por estar sometidos al yugo
extranjero. En este análisis realizado por Ramos se vislumbra lo que Omar Acha
reseñó sobre el “neorrevisionismo” que abordaba temáticas con métodos
prácticamente obsoletos, que no permitían ver la temporalidad de las cosas, e
incitaban a creer en la repetición de los hechos en la historia. Esta
interpretación del peronismo cuadraría perfectamente con el “bonapartismo”, ya
que Perón logró congeniar o amalgamar los intereses de las masas con un
“sentido nacional”, manteniendo la impronta burguesa del régimen. Es conocido
el discurso dirigido a los capitalistas y empresarios, en el origen de su
carrera política, al mismo tiempo que intentaba
dar soluciones a los problemas que el imperialismo provocaba.
Un tanto más complicadas serán
las filiaciones que intentará establecer Puiggrós entre las ideas marxistas
(presentes en su formación) y la doctrina peronista. De hecho Rodolfo tuvo que abandonar el movimiento comunista que
había abrazado en sus orígenes como historiador - fue expulsado del partido
comunista- y de esta manera abrazó al peronismo, creyendo y esperando
convertirse en el teórico fundamental del movimiento que llevaría a una
“revolución nacional” que seguiría los pasos de la teoría de Marx,
evidentemente pasando primero por una etapa “democrático-burguesa” (donde situaba
al peronismo) para pasar luego a un movimiento socialista (en realidad ni los
dirigentes, ni siquiera las masas peronistas pensaban en ceder espacio a esas ideas).
En su análisis retomará la propuesta de Ramos, la resolución de un
viejo antagonismo o conflicto entre clases y sus intereses, atribuyéndole méritos
al General, pero por otro lado también a la incapacidad de la oposición. Por
ejemplo para resaltar esta opinión basta con analizar un fragmento de su libro:
El peronismo: sus causas:
“A la consagración del liderato del coronel Perón por el
levantamiento obrero del 17 de octubre de 1945 contribuyeron tanto los
peronistas como los antiperonistas. El reconocimiento del liderazgo por los
primeros carecería de sentido sin su desconocimiento por los segundos y
viceversa. Es obvia la significación dialéctica del dicho popular no hay pro sin contra, pues resulta
impensable e irrealizable una ortodoxia
sin heterodoxia (claramente apelando a la concepción marxista), una fe sin
herejía y aun el pensamiento a dogmatico se despliega como antítesis del
dogma.” A lo que además añade sobre los
viejos conflictos contra el “imperialismo”:
“descartamos, en
consecuencia, el análisis de aquella jornada de explosión popular y de sus
causas inmediatas desde un punto de vista no científico, es decir unilateral,
sea en pro o en contra. Lo haremos partiendo de la totalidad concreta de la
política argentina, política escindida, desde el golpe militar del 4 de junio
de 1943, en dos partes. Un cuarto de siglo después, esas dos partes no se han
reconciliado, ni lo harán nunca, ya que expresan la contradicción fundamental
de nuestra sociedad” (otra vez apela a
la dialéctica marxista); y apela a los
conflictos inherentes, según su opinión a nuestra sociedad: autodesarrollo vs
coloniaje, nacionalismo vs liberalismo,
democracia directa de masas o democracia fraudulenta de pocos.
Lo que realmente llama la
atención es la filiación que realiza entre el ascenso político de Perón sobre
las masas obreras y la pérdida de influencia de los comunistas y socialistas en
el movimiento obrero. En su libro dedicado a las causas del peronismo, que
forma parte de su Historia Critica de los
Partidos Políticos realizará un
esquema donde sus críticas apuntaran al Partido Comunista como divisor del
movimiento obrero, lo que realmente llama la atención, más aun conociendo, que
había sido militante y afiliado del Partido Comunista Argentino.
En el capítulo de este
libro, titulado “Del 4 de junio al 17 de octubre” expondrá algunos documentos y
argumentos que el partido comunista realizara a la obra del Coronel Perón. Por
ejemplo, destaca que el Partido tenía como principales objetivos: “unidad
contra la dictadura militar fascista, abandono de la lucha por las reivindicaciones
inmediatas y de los conflictos parciales que distraían fuerzas y perjudicaban
la formación de la Unión Democrática, huelga general e insurrección para
derrocar al gobierno”[6].
Además siguiendo su
explicación, otra de las causas de la constante perdida de adeptos a las ideas
de izquierda en los trabajadores es que, según su opinión, la muralla
ideológica que separaba a los comunistas y socialistas se vino abajo con la
nueva orientación del movimiento comunista en Argentina, que esperaba el paso a
una sociedad comunista por la vía de una “revolución pacífica”, por lo que de
ahora en adelante entre los dos partidos “solo quedo la competencia por la
hegemonía política”[7].
Además para él, esta pérdida
de influencia del comunismo en la
Argentina se vio reflejada en la “huelga general revolucionaria” que preparo el
partido para derrocar al gobierno. Esta huelga, según su opinión fue un fracaso
y reveló que “los obreros estaban con Perón y los conservadores y agentes del imperialismo conspiraban junto con el
partido comunista”[8]. Añade además que los comunistas y socialistas
estaban tan compenetrados en los preparativos insurreccionales, que olvidaron
las luchas parciales por reivindicaciones inmediatas, esto, según plantea, le “brindo al flamante secretario, amplio
campo para desplegar lo que ellos llamaban “demagogia” ”.[9]
Siguiendo con su formulación
contra el accionar del comunismo, menciona que, “el movimiento de masas” que
tanto olvidaba y menospreciaba la izquierda, lejos de aparecer como “pasivo receptor
de las directivas del Estado, accionó sobre el Estado y sobre el mismo Perón”,
ya que “se impuso en octubre de 1945, sostuvo a Perón en la presidencia y, si
bien no evitó su caída, se mantuvo irreductible las directivas del gobierno
gorila (claro vocabulario revisionista, con tinte político) y a los manejos de
las desprestigiadas izquierdas”. Además añadió que a las izquierdas les
preocupaba mas “demostrar que Perón hablaba como un nazi”[10]
Para terminar y volviendo a la afirmación de
Omar Acha en los párrafos posteriores de su libro Puiggros esgrimirá que los conflictos se “superaran mediante la
supresión del segundo de los términos, con el triunfo revolucionario de la
clase obrera, abanderada de la lucha nacional emancipadora y de su indispensable
complemento: la economía y la propiedad de clases”.[11]
Claramente como se ve en sus
escritos Puiggros estaba convencido de que el peronismo se convertiría en un
movimiento de liberación nacional, sin embargo en su análisis se descuida, se
olvida o simplemente obvia evocar en términos conceptuales la base de sus
razonamientos. De manera tal que luego de derrocado el peronismo advertirá o se limitara
a exponer las causas de su caída en una “incapacidad para llevar hasta sus
límites últimos la tarea revolucionaria”. Otro de los aspectos a criticar del
análisis “marxista” de Puiggros es su obcecada y urgente intención de manifestar su posición política,
olvidando así de profundizar sus análisis, de hecho para corroborar su opinión
marxista del peronismo no se aboco a un análisis exhaustivo de los múltiples
aspectos del peronismo, sino que redujo todo ese análisis a una vaga
ilustración histórica, en donde la revolución nacional-democrática estaba ligada
inevitablemente al peronismo.
[1] Cataruzza,
Alejandro y Fujanian; Políticas de la
Historia Argentina. 1860- 1960; Alianza Editorial; Buenos Aires;2003; P.
172
[2][2]Hernández,
Pablo; Conversaciones con José María Rosa;
Bs. As.; 1978. P. 150
[3]
Acha, Omar; “Interpretaciones historiográficas del peronismo”; en Pagano, Nora
y Rodríguez M; La historiografía
Rioplatense en la Posguerra; Buenos Aires; La Colmena; 2001;P. 120
[4]
Irazusta, Julio; “Perón y la crisis argentina”. Buenos Aires; Independencia;
1956.
[5]
Acha, Omar; “Interpretaciones historiográficas del peronismo”; en Pagano, Nora
y Rodríguez M; La historiografía
Rioplatense en la Posguerra; Buenos Aires; La Colmena; 2001
[6]
Puiggros, Rodolfo; “El peronismo y sus causas”; Buenos Aires; Galerna; 2006. P.
120
[7]
Puiggros, Rodolfo; “El peronismo y sus causas”; Buenos Aires; Galerna; 2006.
Pag 121
[8]Ibídem.
P. 123
[9] Ibídem.
P. 125
[10]Ibídem.
P. 127
[11] Ibídem.
P. 130
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