viernes, 27 de junio de 2014

El origen del Peronismo según la Izquierda Nacional.

En esta corriente el primer estudio a destacar será el realizado por los autores  Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero. En su libro Estudio sobre los Orígenes del Peronismo estos autores realizarán un análisis de la relación entre el populismo y la clase trabajadora poniendo en duda las explicaciones más obvias acerca de la configuración del Movimiento Nacional y Popular en Argentina, con su análisis pondrán en duda las interpretaciones de Gino Germani, tan vigentes y arraigadas en los modelos históricos previos.
En la segunda parte del libro ya mencionado anteriormente los autores realizarán un análisis, en el primer capítulo, acerca de las versiones previas sobre el origen del peronismo y explicarán las hipótesis que propusieron, entre muchos autores, Gino Germani[1]. Antes de entrar de lleno en su análisis, los autores mencionaran las tres hipótesis que guiaran su trabajo:
·         “en el surgimiento del peronismo tuvieron una intensa participación organizaciones y dirigentes del sector de obreros viejos”
·         “Es  difícil otorgar la caracterización de pasiva, heterónoma y con miras de corto alcance a la participación obrera en el proceso de constitución del movimiento nacional  popular”
·         “que la participación conjunta de viejos y nuevos implicaba un proyecto social de cierto alcance y tenía como componente  importante la continuidad programática con reclamos previos de las organizaciones obreras, del mismo modo que la posibilidad de participación obrera en una alianza poli clasista era ya una tendencia con importantes antecedentes en el sindicalismo anterior al peronismo.”[2]
Según su opinión, el primer rasgo que aparece a la hora de analizar el peronismo es el papel que tiene el sindicalismo como “factor constituyente”, este dato no pasa desapercibido para ninguno de los  observadores, lo que sí señalan es que no se analizan en la medida de sus posibilidades, muy ricas teniendo en cuenta que marcan la diferencia entre el peronismo y otros movimientos populistas, y  se pone énfasis en “las diferencias psicosociales que separan a los nuevos trabajadores de los viejos”. De esta manera se simplifican los análisis con dos hipótesis complementarias y condicionantes una de otra: hay un “proceso de manipulación de las masas obreras por una elite ajena a la clase” este proceso crece sobre una ausencia de organización obrera autónoma. Entonces de esta manera el apoyo de las masas al populismo está ligado a la ausencia de una organización sindical previa y al crecimiento desbordado de una “nueva clase obrera” que desborda los pocos “marcos asociativos” y se expresará por los nuevos marcos institucionales creados por el Estado.
Contra estas teorizaciones los autores intentaran demostrar la “importancia que el sindicalismo organizado adquiere durante el proceso de gestación del movimiento”.
A la conclusión que llegarán los autores, es que  en el proceso de  génesis del peronismo tuvieron mucha influencia y participación los dirigentes y las organizaciones gremiales “viejas”, esta participación se hizo visible desde los sindicatos y desde la CGT y luego se canalizo a través del Partido Laborista. Lo que invertirán de los viejos estudios es la participación que tendrán los obreros “recién” llegados a la ciudad, como los gremios organizados luego de 1943, en donde más que destacar la “división interna de la clase obrera” tomará en cuenta su unión como “un sector social sometido a un proceso de acumulación capitalista sin distribución del ingreso”[3] 
En su  análisis analizaran en base a datos bibliográficos y estadísticas la situación del movimiento obrero previo al surgimiento del peronismo, destacando que con la llegada del golpe militar de 1943 se encontrará una clase trabajadora que intensificó su movilización y combatividad, pero que no había resuelto a su favor las reivindicaciones planteadas.[4]
Con los datos planteados se pone en evidencia, que en el momento de gestación del peronismo, el corte o la división del peronismo es una variable insuficiente para remitirse como explicación de su surgimiento. [5] No se trata de invertir las teorías precedentes, sino de relativizarlas, ya que la influencia de los trabajadores y organizaciones “nuevas”  sobre las tradicionales existen, pero no son condiciones necesarias para el surgimiento de experiencias políticas  nacionales populistas.
En el caso de Argentina, señalan los autores, “a la estructuración política del movimiento (populista) y su ascenso al poder, antecede un momento inicial en el proceso de industrialización en el que tiene lugar un intenso ritmo de acumulación capitalista, sin la vigencia simultánea de   políticas distribucionistas  que puedan operar una integración (…) de la clase obrera en el sistema”. En el caso de Argentina los comportamientos de la clase obrera no cambiarán respecto de los modelos de conducta en países industrializados europeos, por lo que los rasgos que hacen particulares al movimiento peronista habría que buscarlos en las “modificaciones operadas por un crecimiento industrial desplegado en la dependencia externa, que llevará a “nuevos reagrupamientos y alianzas entre sectores y clases” los cuales serán absolutamente diferentes a los que tuvieron lugar  en el modelo clásico de industrialización de los países centrales. Además para ellos la diferencia habrá que buscarlas en el hecho de que “la búsqueda de participación obrera se cruzó con fragmentaciones y reagrupamientos en el interior de las clases propietarias y de los grupos que tendían a representarlas de modo que la alternativa para una alianza interclases se abrió rápidamente”. En el caso argentino, explayan, el crecimiento industrial, enmarcado en la dependencia, sumado al control que ejercieron las capas sociales y grupos políticos ligados a la tierra, generaron el desarrollo de unas fuerzas internas “no obreras”, que también fueron marginadas y cuya presencia obligó a cambiar y desplazar momentáneamente el eje de conflicto tradicional entre clases propietarias y obreras, produciendo un nuevo realineamiento de fuerzas que “cortó verticalmente a la sociedad y se cristalizó en nuevas formas de alianzas de clases, elaboradas a partir de la coincidencia  en un     proyecto más amplio de política nacional”.[6]
Para concluir los autores Murmis y Portantiero, comprobaran que la particularidad que distingue al peronismo dentro de la tipología  de movimientos nacional populares, es que “en él la participación obrera a través de organizaciones sindicales, ya sea en el momento de su apogeo como en el de su estructuración o su caída,  tiene un peso propio en relación con las otras formas posibles de participación, como no lo alcanzó en ninguna experiencia nacional popular contemporánea en América latina”, este punto de vista estará dado desde, no una “heterogeneidad” de la clase obrera como planteaba Germani, sino desde una “homogeneidad”  de la clase obrera “como fuerza de trabajo explotada” en un momento de culminación de un largo proceso de acumulación sin distribución.[7]

Esta hipótesis también será trabajada por Louise Doyon en su artículo “La formación del sindicalismo peronista”,[8] donde  trabajara las reacciones del movimiento sindical frente al nuevo fenómeno.
Para comenzar la autora explica que las principales corrientes sindicales,  los comunistas y socialistas, serán las que conocerán el rigor del régimen.  En su análisis la autora menciona que en el momento del  golpe de 1943 solo un 20 % de los trabajadores estaba organizado, y que incluso había divisiones en el movimiento, porque los conflictos entre socialistas y comunistas (algo también tomado por Puiggros en su análisis) habían conducido a la formación de centrales sindicales rivales. El clima de represión sostenido por los militares fue cambiando con la designación de Perón al frente del Departamento Nacional del Trabajo, ya que él poseía “una visión de la cuestión social más elaborada y menos regresiva”. Perón creía que era necesario “rehabilitar el papel mediador del Estado entre el capital y el trabajo”.[9] Según señala la autora a la llamada de Perón los dirigentes sindicales fue cuidadosa, con bastante “recelo”, la novedad estuvo  en “la transformación del Estado en una instancia política a la que podían recurrir los trabajadores para equilibrar las relaciones de fuerza en el mercado de trabajo”[10].  Pero como menciona, el “compromiso político” que buscaba Perón con los sindicatos se le mostró esquivo; “los dirigentes obreros aprovecharon las nuevas oportunidades, mientras que al mismo tiempo, trataban de mantener la mayor distancia” del gobierno. Esta “táctica oportunista”  será mantenida hasta 1945, con la nueva situación en  el terreno internacional. Con la ofensiva de los empresarios hacia las medidas de la Secretaría de Trabajo y con la situación de crisis política que obligo a Perón a renunciar, los “dirigentes obreros tomaron partido, en defensa de Perón”.
Luego de lo acontecido el 17 de octubre, los “líderes obreros de los más diversos orígenes” trataron de participar de forma autónoma en la contienda electoral” con la formación del Partido Laborista, y ofrecieron la candidatura a Perón, quien luego de ganadas las  elecciones trató de disminuir en el movimiento las pretensiones de autonomía, hasta llegar a la CGT, la cual se transformo “en un representante del gobierno ante el movimiento obrero”.[11]   Pero la autora avanzará hacia la refutación de la teoría que proponía un “repliegue del movimiento sindical como actor sociopolítico” desde lo ocurrido con la CGT y hasta 1955. Según esta hipótesis, el “movimiento sindical, devendría en una fuerza impotente, mientras que la masa obrera, predispuesta a una relación paternalista, se limitaría a recibir pasivamente los beneficios sociales”, esta afirmación, sostiene Doyon, seria restarle importancia al movimiento sindical durante la década, porque “los sindicatos consiguieron retener la capacidad de promover los intereses sectoriales de los trabajadores” y añade que la experiencia obrera en estos años no fue la propia de una “masa amorfa e inorgánica activada por la convocatoria de un líder carismático”.
Los datos sobre los que la autora sostiene esa expresión provienen de los datos del movimiento sindical luego de 1946, según Doyon “hacia 1943 difícilmente se podía hablar en la Argentina de un sindicalismo de alcance nacional. Eso fue lo que cambió y muy rápidamente a partir de 1946”, esto se debió en parte a los “auspicios del gobierno”   que lograron hacer crecer los niveles del movimiento obrero organizado a un nivel nunca visto. El crecimiento fue tal que la autora señala que “a partir de 1950 (…) el nivel de afiliación alcanzó  valores comparables a los de los países de Europa”.
Pero el movimiento obrero no se limitó  sólo a masivas afiliaciones ni a expresiones multitudinarias avalando a su  “líder”, sino que además de eso a partir de 1946 lograrán mediante paros y huelgas un ola de “movimientos reivindicativos”[12].  Incluso  cuando la CGT fue cooptada políticamente por el gobierno, las estadísticas demostraron que fue “el pico máximo de la movilización obrera”.
Para concluir su análisis, Doyon menciona que para el sindicalismo y el movimiento obrero la primera etapa peronista, fue una época de crecimiento, ya que “abandonó la condición periférica que ocupaba hasta entonces, para ganar una influencia notable  en la vida económica y política del país”. Esta relación que hubo entre el movimiento y el gobierno tuvo consecuencias para ambos bandos, no se “podía hablar de un sindicalismo que actuara como un grupo de presión autónomo”, pero “los poderes públicos quedaron expuestos a las demandas de los trabajadores que aspiraban a representar” y por lo tanto pasaron a ser “uno más de los instrumentos”  mediante los cuales los trabajadores ampliaban su participación social y política. A lo que añade como reflexión final que “el sindicalismo fue una de las creaciones del régimen, y de todas, fue la que logró sobrevivir a su caída en 1955”[13].



[1]Murmis, M y Portantiero J. C.; Estudios sobre los Orígenes del Peronismo; Siglo XXI; Buenos Aires; 1984. Segunda Parte: El movimiento Obrero en los orígenes del peronismo.
[2] Murmis, M y Portantiero J. C.; Estudios sobre los Orígenes del Peronismo; Siglo XXI; Buenos Aires; 1984. Segunda Parte: El movimiento Obrero en los orígenes del peronismo; pag. 129.
[3] Ibídem; pág. 132
[4]Ibídem; pág. 149
[5] Ibídem; pág. 165
[6] Ibídem; pág. 168
[7] Ibídem. P.  168 - 170
[8] Doyon, Louise; en Los años peronistas (1943-1955); Dirigido por Juan Carlos Torre; Ed Sudamericana; Buenos Aires; 2002.
[9]Ibídem. Pág. 361
[10] Ibídem. Pág. 363
[11] Ibídem pág. 368
[12] Ibídem pág. 372
[13] Ibídem. P.  402

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